La frase de Feijóo es cierta, aunque algunos finjan no entenderla: una moción de censura planteada para convocar elecciones no implica meter a Vox en el Gobierno. Implica sacar a Sánchez de La Moncloa y devolver la palabra a los españoles. Lo demás es ruido interesado, propaganda de supervivencia y miedo administrado desde el poder.
La moción de censura necesita candidato, mayoría absoluta y una votación en el Congreso. Pero políticamente puede tener una función instrumental: formar un Gobierno breve, limitado y con un mandato claro: convocar elecciones. No se trata de redactar un programa común entre PP, Vox, Junts y PNV. Se trata de constatar que la legislatura está agotada y que el país debe votar.
La trampa del sanchismo consiste en decir que apoyar una moción es apoyar un Gobierno con Vox. No. Apoyar una moción con condición electoral es apoyar que decidan los votantes. Que Vox tenga votos en el Congreso no convierte automáticamente la moción en un reparto de ministerios, igual que el apoyo parlamentario de Bildu, ERC o Junts no convirtió a todos en ministros de Sánchez. La pregunta no es quién firma la salida, sino quién debe decidir la llegada.
Si PP, Vox, Junts y PNV coincidieran en una sola cosa —que esta legislatura está agotada y que España debe votar—, eso no los convertiría en socios de Gobierno. Los convertiría en partidos capaces de aceptar una evidencia democrática: cuando el Parlamento ya no sostiene una normalidad política, se convocan elecciones. Después, cada uno defiende su programa, sus siglas y sus líneas rojas ante las urnas.
Y ahí está el punto esencial: quien decide si Vox entra o no entra en el Gobierno no es la moción de censura, sino el resultado electoral. Lo decidirán los españoles con papeletas, no los argumentarios de Moncloa. Si hay mayoría de derechas, se verá qué Gobierno sale. Si no la hay, no saldrá. Eso se llama democracia, aunque al PSOE le parezca una amenaza cuando sospecha que puede perderla.
Junts y PNV pueden esconderse detrás de Vox para sostener a Sánchez, o pueden obligar a Sánchez a hacer lo que no quiere hacer: convocar elecciones. La moción no es el destino final. Es la puerta. Y quien tiene miedo a abrir la puerta no teme a Vox, ni al PP, ni a Junts, ni al PNV. Teme a los votantes.
Autor: Carles Enric












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