
La imagen de un ultraligero despegando suele despertar fascinación, pero también dudas sobre las exigencias necesarias para ponerse a sus mandos. Frente a la creencia de que basta con unas pocas clases para pilotarlo, la realidad es que esta modalidad de aviación está regulada y requiere formación, aptitud médica y superar exámenes oficiales.
La seguridad en ultraligero comienza mucho antes del despegue. Así lo plantea Asturfly, escuela de vuelo fundada en octubre de 2022 y ubicada en el aeródromo de La Morgal, en Llanera (Asturias). Su actividad permite conocer cómo se prepara un futuro piloto y qué importancia tienen el aprendizaje y la experiencia.
Obtener la licencia exige preparación y superar pruebas oficiales
Para conseguir la licencia de piloto de ultraligero no basta con aprender a manejar los mandos. El aspirante debe disponer de un certificado médico de aptitud y completar una formación que combina conocimientos teóricos y práctica de vuelo. El programa formativo de Asturfly está aprobado por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA). El proceso incluye un examen teórico oficial, realizado en SENASA, en Madrid, cuya superación es necesaria antes de acceder a la prueba práctica.
Aunque el mínimo legal de formación práctica es de 15 horas de vuelo, Asturfly señala que sus alumnos realizan una media de 30 horas. Esta diferencia refleja que alcanzar el mínimo exigido no equivale necesariamente a estar preparado para afrontar el examen y volar con autonomía. La escuela complementa las clases con Asturfly Academy, una plataforma propia que reúne nueve asignaturas, 71 temas y cerca de 3.000 preguntas tipo examen. La formación teórica aborda conocimientos que ayudan al piloto a interpretar las condiciones de vuelo y tomar decisiones fundamentadas.
La experiencia y la preparación también cuentan después de obtener la licencia
La escuela dispone de dos ultraligeros Skyleader 200, identificados como EC-HG8 y EC-HG9. Su director, Jorge Luis Raga Díaz, es instructor de ultraligero y piloto privado (PPL). Según los datos facilitados por Asturfly, acumula más de 3.000 horas de vuelo, de las cuales más de 2.000 corresponden a labores de instrucción.
La obtención de la licencia tampoco pone fin a las exigencias de práctica. Para mantener la experiencia reciente requerida, la normativa contempla acreditar 12 horas de vuelo durante los dos años anteriores, en las condiciones establecidas para ejercer las atribuciones de la licencia.
Más allá de los exámenes, la seguridad depende de hábitos que se desarrollan durante la formación: comprobar el estado del ultraligero, valorar la meteorología, planificar cada vuelo y reconocer cuándo conviene permanecer en tierra.
La principal diferencia entre la imagen popular de los ultraligeros y su práctica real está precisamente ahí. Volar no consiste únicamente en despegar y aterrizar, sino en adquirir conocimientos, mantenerlos actualizados y tomar decisiones responsables antes y durante cada vuelo.
Autor: Redacció











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