Jabaroot no está filtrando por filtrar. Esa es, probablemente, la gran equivocación de quienes siguen contemplando el caso como una sucesión de ciberataques, bases de datos robadas y amenazas más o menos espectaculares. La hipótesis que mejor explica el conjunto es otra: Jabaroot busca erosionar el sistema de poder construido alrededor de Mohamed VI hasta hacerlo políticamente insostenible. Y Ceuta podría haber sido la gota que colmó el vaso.
La clave no está en Pegasus ni en Pedro Sánchez. Ambos pueden generar titulares en España, pero son elementos secundarios. Lo verdaderamente grave es que Jabaroot golpea donde más le duele al régimen marroquí: la DGST, la DGSN, Hammouchi, los agentes, las estructuras internas, las operaciones y, ahora, Ceuta. No parece una campaña destinada únicamente a demostrar capacidad técnica. Parece una ofensiva diseñada para destruir la confianza dentro del propio aparato del Estado.
Y aquí aparece el punto más incómodo. Una operación de esta magnitud difícilmente puede explicarse por la actuación de un antiguo responsable de inteligencia trabajando solo desde una habitación. La hipótesis más inquietante es que Jabaroot funcione como un punto de encuentro de información procedente de sectores distintos, algunos incluso del interior de Marruecos. Personas que conocen el sistema, saben dónde están sus vulnerabilidades y que, por motivos diferentes, coinciden en una misma conclusión: con Mohamed VI no habrá una democratización real del país.
Ceuta puede haber cambiado las reglas. Si se confirma que hubo una operación organizada desde Marruecos para presionar directamente sobre territorio español, ya no estaríamos hablando de una simple crisis migratoria. Estaríamos hablando de soberanía. Y eso podría haber provocado que personas que hasta entonces aceptaban determinadas reglas decidieran que se había cruzado una línea.
Estas operaciones no dejan un documento firmado encima de una mesa. Se reconocen posteriormente por los movimientos, las filtraciones, los silencios y, sobre todo, por la selección de los objetivos.
Pedro Sánchez entra en esta historia de rebote. Si Jabaroot consigue demostrar que Rabat actuó conscientemente contra intereses esenciales de España mientras el Gobierno español mantenía una política de acercamiento y confianza hacia Mohamed VI, el problema dejaría de ser exclusivamente marroquí. Las preguntas serían inevitables: ¿qué sabía la Moncloa, cuándo lo supo y por qué decidió seguir adelante?
Por eso, Sánchez podría terminar pagando políticamente una operación cuyo objetivo principal no sería él.
Mi impresión es que todavía estamos al principio. Los 70.000 nombres, las órdenes relacionadas con Ceuta o las referencias a Pegasus pueden ser únicamente piezas de una estrategia mucho más larga. Si esta teoría es correcta, Jabaroot no pretende ganar una simple batalla mediática. Quiere quebrar el Majzén, aislar a Mohamed VI y acelerar un cambio de régimen en Marruecos.
Y si, de paso, cae algún Gobierno al otro lado del Estrecho, será una consecuencia, no necesariamente el objetivo.
Autor: Carles Enric












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