Barcelona
Carles Enric
Felipe VI, ¿un rey o un funcionario?
Opinió - 12/01/2026 - 15:48
El uso del lenguaje del poder para referirse a presos políticos cuestiona el papel institucional del monarca y reabre el debate sobre la utilidad real de la Corona
Durante el franquismo no había presos políticos: había detenidos, retenidos, encausados. El régimen cuidaba el lenguaje porque sabía que las palabras construyen realidad. Llamar “preso político” a alguien implicaba admitir represión; llamarlo “detenido” lo convertía en un simple problema administrativo. Por eso resulta especialmente grave que, en 2026, el jefe del Estado español adopte exactamente ese mismo marco semántico para referirse a los presos del régimen venezolano.
Cuando el Rey habla de “detenidos” en Venezuela no comete un desliz menor. Comete un error político e histórico. Está blanqueando —aunque sea de forma indirecta— un sistema que encarcela a personas por pensar distinto. Y lo hace, además, alineándose con el lenguaje del Gobierno, no con el de los derechos humanos. Ese es el verdadero problema: no el término, sino la obediencia implícita.
Una monarquía parlamentaria no está para seguir al presidente de turno, sino para representar una continuidad moral del Estado por encima de coyunturas políticas. Cuando la Corona copia el argumentario del Ejecutivo, se vuelve redundante. Si el Rey habla como Moncloa, ¿para qué hace falta el Rey? Esa es la pregunta que muchos monárquicos empiezan a hacerse, y es la más peligrosa de todas.
Aquí aparece un contraste incómodo con el pasado. El franquismo cayó, entre otras razones, porque hubo una Jefatura del Estado —con todos sus defectos— que entendió que debía empujar el sistema hacia adelante, no acomodarse al poder establecido. El padre supo cuándo callar y cuándo actuar. El hijo, en cambio, parece haber interiorizado que su función es no molestar.
El resultado es evidente: Felipe VI se está alejando de quienes sostienen la monarquía sin acercarse, al mismo tiempo, a quienes la rechazan. Los primeros perciben debilidad; los segundos no van a cambiar nunca de opinión. Ese es el peor de los errores estratégicos posibles. La Corona no cae por los ataques externos, sino por la pérdida de convicción interna.
Llamar “detenidos” a presos políticos no es neutralidad: es tomar partido por el lenguaje del poder. Y cuando un Rey adopta el lenguaje del poder ejecutivo, deja de ser Rey para convertirse en funcionario. Eso, en España, ya lo hemos visto antes. Y nunca acabó bien.
Autor: Carles Enric












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