De cara a las últimas Navidades hablábamos de la “Cena de los Idiotas” como ese momento en el que los más cercanos al presidente Sánchez se reunían durante los días festivos, conscientes de que se avecinaba un futuro político cada vez más oscuro.
La Moncloa, siempre cuna de sorpresas, ha logrado superar todos los récords: la famosa “cena de los idiotas” de 2025 ha dejado de ser una broma navideña para convertirse en un auténtico festival judicial. Lo que en un principio era una anécdota cargada de chistes sobre despistes y exageraciones, hoy se sirve en bandeja de plata con un menú inesperado: imputados, citaciones y acusaciones decorando la mesa como si fueran aperitivos de lujo.
El primer plato llegó ayer con David Sánchez, hermano del presidente, acusado de prevaricación y tráfico de influencias. De invitado familiar pasó a convertirse en protagonista involuntario de este banquete legal. La escena casi se escribe sola: brindis en Moncloa, risas y villancicos, y un año después, el juez llamando a la puerta como el camarero que trae una cuenta que nadie quería pagar. La defensa de Sánchez, asegurando que “no sabía nada”, se acerca más a un guion de comedia negra que a una explicación convincente.
Hoy, el menú se completa con el plato fuerte: Begoña Gómez, esposa del presidente, también se suma a la lista de procesados. La célebre “cena de los idiotas” deja de ser un guiño anecdótico para convertirse en un bufet completo de complicaciones judiciales. Mientras en Navidad las familias hablan de luces y turrones, en Moncloa se habla de jueces, fiscales y abogados, sirviendo sorpresas tan amargas que ni el mazapán más duro podría disimular.
Ni siquiera el fiscal general del Estado logra escapar de la cuenta final: su imputación completa el trío infernal de Moncloa. Hermano, esposa y fiscal; un “combo” que haría palidecer al chef más atrevido. Y entretanto, Sánchez insiste en su ya clásico “no sabía nada”, un condimento demasiado insípido para un menú que arde en la boca.
Al final, la llamada “cena de los idiotas” se ha transformado en la cena de los imputados. Un banquete que nadie quería, pero que todo el país observa entre el asombro y el humor negro. Cada acusación es un plato más: entrante con el hermano, principal con la esposa y postre con el fiscal. Y mientras la política española se acomoda a presenciar este grotesco espectáculo, la moraleja parece ineludible: en Moncloa, las cenas familiares ya no terminan con brindis, sino con citaciones judiciales.
Autor: Carles Enric












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