Este artículo fue escrito originalmente en Crónica Global en 2016. En aquel momento, investigar el currículum vitae de un político fue una novedad. Aunque tuvo cierta repercusión, como bien sabemos, la mentira —aún creída en ciertos sectores— no suele influir en la carrera política. El artículo desapareció del diario poco tiempo después, probablemente porque los medios menores no siempre pueden mantener una hemeroteca eficaz. Por ello, tras las recientes noticias, consideramos oportuno recuperarlo, comenzando por el punto de partida de la trayectoria más conocida de Carles Puigdemont. Este texto formó parte de una colección, hoy desaparecida, de columnas en Cataluña 2016-2017 que rompían con la tradición del oasis periodístico
Las personas aprendemos más en la vida que en los estudios. A estas alturas puedo confirmar que he conocido a muchos auténticos estúpidos con innumerables licenciaturas, y también a maravillosas personas con apenas el graduado escolar. Dicho esto, está claro que me importan poco los títulos o las carreras. Sin embargo, sí me indigna quien los alardea simplemente para obtener prestigio social o un sueldo público.
Cuando empezó a sonar el rumor de Puigdemont como nuevo presidente de la Generalitat, se le presentaba como filólogo y periodista. Aún hoy es fácil encontrar en internet múltiples referencias a «Carles Puigdemont, licenciado en filología». Basta con teclear esas palabras en Google. Las primeras biografías —alguien se las facilitó— así lo indicaban en La Vanguardia o El Periódico. Y si tienen paciencia, pueden revisar las hemerotecas de esos medios o del Diari de Girona.
Pero, curiosamente, con el paso de las horas, Puigdemont dejó de ser filólogo, ni en formación ni en licenciatura. Su perfil se fue aclarando: ahora solo tenía “estudios”, y desapareció aquello de «filólogo de formación». Excepto, claro, en el Diari de Girona, donde aún aparece como «filólogo de formación, aunque no haya acabado la carrera». Ironías semejantes a ser médico sin ser licenciado en medicina, o a mi caso personal cuando estudié matemáticas —que nunca terminé— y, sin embargo, soy matemático de formación.
El asunto del periodista es aún más complejo. Se puede acceder al Colegio de Periodistas por vía universitaria, con la licenciatura, o acreditando dos años de ejercicio profesional en medios. Este último fue el camino de Puigdemont. Respetable, como en tantos casos, pero sin los estudios reglados que su biografía parecía implicar. En pocas palabras, hasta el día antes de ser proclamado presidente, su currículum era claro: filólogo y periodista. Pero la realidad es otra: el president es un respetable bachiller sin ninguna licenciatura. Algo, por cierto, que admitió sin tapujos otro presidente de Cataluña, Josep Montilla.
Volviendo a su biografía, resulta curioso que se indique que no se dedicó a la política hasta 2006. Curioso porque años antes ya había creado la Agencia Catalana de Noticias (ACN), un organismo de la Generalitat pagado con dinero público. Según unas fuentes, fue un encargo directo del Govern; según otras, una idea suya. Ya sabemos que en Cataluña alguien con solo bachillerato llama a la puerta de la Generalitat y le asignan miles de euros para gestionar una empresa pública. De ahí pasó a dirigir la Casa de Cultura de Girona en 2002, un encargo con una vinculación política clara. Sorprende, pero de nuevo un bachiller al frente. ¿O acaso entonces «aún» era filólogo?
Quizás con los años me he vuelto un clásico, pero creo que lo mínimo exigible a un presidente es transparencia. Como mencionamos, Josep Montilla, criticable en muchos temas, no ocultaba no ser licenciado. Además, era de una generación con mayores dificultades para acceder a estudios superiores. Por eso sorprende aún más que una persona joven haya llegado tan lejos sin acabar una carrera. Para mí, eso dice poco sobre el éxito del país. Porque quizás, solo quizás, sugiere que estudiar tiene menos valor que estar bien “conectado”.
Recordemos que en Alemania los políticos dimiten por plagiar una tesis, al menos cuando tienen licenciatura. Aquí, en cambio, una vicepresidenta como Joana Ortega mintió en su currículum sobre su carrera de Psicología y no pasó nada. Pensábamos que era una excepción. Pero ahora surgen dudas sobre si es una práctica más habitual de lo que creemos. Esperemos que no aparezca ningún documento, currículum o biografía oficial de Carles Puigdemont firmado por él donde afirme que es filólogo, porque su presidencia sería breve. Eso sí, ahora nadie duda si Puigdemont es licenciado o bachiller. Pero deberíamos preguntarnos por qué esa respuesta, ahora tan clara, fue tan ambigua mientras cobraba dinero público. Que cada uno saque sus propias conclusiones.