Cada día estalla un escándalo nuevo. Da igual si hablamos de Sánchez, de Castejón o de cualquier miembro de su círculo: cuando no es un caso, es una filtración; cuando no es una filtración, es un incendio interno. El país vive la sensación de tener un Gobierno instalado en un “modo supervivencia” permanente, tirando de manual y confiando en que la ciudadanía termine acostumbrándose al ruido.
Y no, no es normal. Precisamente por eso la moción de censura no puede esperar.
Porque aquí el timing lo es todo. Y Núñez Feijóo lo sabe, o debería saberlo: si espera unas semanas, la moción dejará de ser un examen al Gobierno para convertirse en un casting sobre su propio candidato. Se hablará más del aspirante que del problema. Un regalo para Sánchez, que domina como nadie el arte de cambiar el foco cuando le conviene.
Si la moción llega más tarde, el relato sería el de siempre: “¿Y este candidato qué ofrece? ¿Por qué él? ¿Qué haría distinto?”. Mientras el debate gira en torno al aspirante, Sánchez se cuela por la puerta de atrás y convierte la moción en un plebiscito sobre Feijóo, no sobre su gestión. Error de primero de política.
Una moción funciona cuando existe un caldo de cultivo, cuando la calle está harta, cuando cada día amanece con una sorpresa peor que la anterior. Cuando el Gobierno hace aguas, se presenta. No cuando el candidato emociona, sino cuando el Gobierno quema.
Y ahora mismo, Sánchez y Castejón están quemando a un ritmo que ni los bomberos del Estado podrían contener.
Por eso la moción debe ser ahora. Con los casos todavía frescos, con el malestar social vivo, con la prensa oliendo sangre y con la oposición —si Feijóo quiere ejercer de oposición de verdad— aprovechando el momento antes de que todo se enfríe y el Gobierno recupere el control del relato.
Porque si algo ha demostrado Sánchez es que, cuando tiene tiempo, gana; cuando se siente acorralado, sobrevive; y cuando no se le frena en caliente, te construye un giro narrativo en 24 horas.
Así que basta de esperar. Basta de calcular encuestas. Basta de miedo al titular fácil.
La moción no es para que Feijóo enamore. Es para que Sánchez rinda cuentas.
Y ese tren pasa una sola vez. Si lo dejas marchar, no vuelvas a decir que no lo viste venir.
Autor: Carles Enric












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