Columna original por su autor en Crónica Global desaparecida de su hemeroteca que sirve para conocer mas la realidad de Carles Puigdemont.
Cuando leímos las primeras biografías del president Carles Puigdemont, en enero de 2016, algunos ya sospechamos de su currículum. Recuerden que por aquellas fechas se destapó la falsedad de su supuesta licenciatura en Filología Catalana e incluso en Comunicación.
Si alguien es capaz de mentir sobre sus estudios, ¿qué no podría hacer con datos aún más difíciles de contrastar? Por ejemplo, su experiencia profesional. De entre todos los elementos que aparecían en aquellas primeras biografías —incluida la onírica versión firmada por Saül Gordillo, amigo personal, socio empresarial y que fue cómodamente situado como director de Catalunya Ràdio—, lo que más me sorprendió fue el llamado año sabático de 1993.
Me costaba entender cómo una persona apenas un poco mayor que yo podía permitirse un año sabático prácticamente al inicio de su carrera profesional. Intrigado, dediqué seis meses a consultar hemerotecas para tratar de entender ese supuesto paréntesis. Y lo que encontré fue revelador.
El 18 de diciembre de 1992, su nombre deja de figurar en los créditos del diario El Punt. ¿Ahí empieza el famoso año sabático? A tenor de los datos reunidos, ni fue exactamente un año, ni puede considerarse sabático en sentido estricto.
Ese supuesto “año sabático” consistió, en realidad, en un encargo periodístico de unos meses por seis países europeos: Reino Unido, Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos y Dinamarca. Un trabajo, no un descanso.
Los últimos meses de 1992 fueron especialmente convulsos en Cataluña. Tras los Juegos Olímpicos de Barcelona llegó la crisis económica. Y en Girona, ciudad natal de Puigdemont, seguía retumbando la operación Garzón contra el independentismo violento, entre junio y diciembre de ese mismo año. Fue una ola de detenciones dirigida a desarticular la organización armada Terra Lliure.
Entre otros, fue arrestado Eduard López, periodista de El Punt, posteriormente absuelto. Según las informaciones de la época, un infiltrado —Josep Maria Aloi— fue quien desencadenó los acontecimientos. Su aparición marcó el principio del fin para la organización terrorista.
La tensión en los círculos políticos, periodísticos y militantes de Girona era máxima. Las desconfianzas se acumulaban. Hasta la aparición de Aloi, circularon con fuerza los rumores, las sospechas, la incertidumbre. Muchos se preguntaban quién había sido el delator. Quien no tuvo opción, fue detenido. Quien pudo alejarse, lo hizo.
Y aquí entra en juego la cronología. Porque nadie marca los tiempos de un año sabático. Ni las casualidades. Aunque el término, por definición, alude a un periodo de descanso, Puigdemont lo vincula a un encargo profesional. Las hemerotecas dejan claro que su supuesta pausa no fue tal. Llamarlo "año sabático" podría haber sido simplemente una excusa para no explicar las razones de fondo.
Tal vez algunos estuvieron, casualmente, muy lejos, demasiado lejos, de aquel periodo complicado en la capital gerundense. Legal, por supuesto. Pero cuanto menos, extraño.
Ya escribimos que Carles Puigdemont no es filólogo, ni licenciado en Ciencias de la Información o en Comunicación. Ahora, podemos añadir sin duda que tampoco tuvo un año sabático, al menos no como él lo ha presentado.
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Autor: Carles Enric












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