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Comunicados - 13/07/2026
El calor puede provocar bajadas de tensión, que pueden manifestarse en forma de síntomas como mareos, somnolencia o sensación de debilidad, según Cigna
Este verano llega a España con previsiones de temperaturas por encima de lo habitual. Tras una primavera que ha sido la segunda más cálida desde 1961, la Agencia Estatal de Meteorología prevé que el calor se mantenga con fuerza durante los próximos meses en gran parte del país. Un escenario en el que aumentan los riesgos asociados a la tensión arterial baja o hipotensión, que pueden manifestarse con mareos, fatiga o somnolencia y, en determinadas situaciones, derivar en caídas o desmayos si no se adoptan las precauciones adecuadas.
Esta relación entre el calor y la bajada de tensión se explica a través de diferentes mecanismos fisiológicos. Uno de ellos es la vasodilatación, un proceso mediante el cual el organismo activa la dilatación de los vasos sanguíneos más próximos a la superficie de la piel para ayudar a regular la temperatura corporal. Con ello, se facilita la pérdida de calor, pero también disminuye la resistencia al flujo sanguíneo, lo que puede favorecer un descenso de la presión arterial. Por otro lado, interviene la sudoración, un mecanismo esencial para la regulación de la temperatura corporal, a través del cual el cuerpo pierde agua y sales minerales. Cuando esta pérdida no se repone adecuadamente, disminuye levemente el volumen de sangre y, por tanto, se reduce la presión que se ejerce dentro de los vasos sanguíneos. Es importante resaltar que, para reponer las pérdidas de la sudoración, se debe asegurar una adecuada hidratación con agua, sin olvidar el aporte de electrolitos, o minerales, ya que ambos ejercen un papel importante en el mantenimiento de la presión arterial. Para esto no hace falta bebidas especiales, ya que se puede conseguir un aporte suficiente a través de la dieta.
Aunque existen perfiles especialmente propensos a sufrir estos episodios, como quienes tienen diagnosticada hipertensión y siguen algún tratamiento farmacológico o las personas de edad avanzada, vigilar la tensión arterial de forma periódica es una recomendación extensible a toda la población. De hecho, la Fundación Española del Corazón aconseja controlarla al menos dos veces por semana durante el verano. Una recomendación que cobra aún más importancia si se tiene en cuenta que, según la Organización de la Salud, el calor extremo representa ya una de las principales amenazas sanitarias derivadas del cambio climático, con cerca de 500.000 muertes anuales en todo el mundo.
"En verano, pasamos más tiempo al aire libre, tenemos más actividad social, y, en consecuencia, estamos más tiempo expuestos al sol, lo que hace que el organismo tenga que adaptarse continuamente a la temperatura. Esta exposición suele vivirse de manera positiva, ya que se asocia a bienestar, descanso y vacaciones, pero también puede favorecer descensos de la tensión arterial en algunas personas. Dicho esto, el calor que se puede pasar en espacios cerrados puede ser igual de intenso por lo que es recomendable vigilar la hidratación siempre y en caso de no contar con aire acondicionado, optar por elementos como abanicos o ventiladores. Por eso, la primera estrategia es la prevención. Sin embargo, en el caso de que aparezcan señales como mareos, sensación de debilidad o inestabilidad, lo recomendable es parar la actividad, buscar un lugar fresco e hidratarse, porque suelen ser indicios de que el cuerpo está empezando a descompensarse, y actuar a tiempo es fundamental para evitar que la situación vaya a más o los síntomas se intensifiquen", señala la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España.
En este contexto, los expertos de Cigna Healthcare recuerdan la importancia de incorporar hábitos sencillos que pueden ayudar a mantener la tensión arterial bajo control durante el verano y a proteger el sistema cardiovascular frente al calor:
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