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19-10-2026 | 19:50hs
•OPINIó

Sánchez, el amor y el síndrome Sálvame

El presidente convierte su vida privada en espectáculo electoral mientras deja en segundo plano las ideas, los resultados y las explicaciones que reclama el país

Pedro Sánchez quiere mucho a su mujer. Me parece estupendo. Como millones de españoles que quieren a sus parejas y no necesitan proclamarlo ante 3.000 personas, entre cámaras de televisión, focos y un aparato de partido aplaudiendo emocionado. El problema no es el amor. El problema es convertirlo en argumento electoral.

Lo ocurrido en Fuenlabrada es mucho más revelador de lo que parece. En plena campaña electoral, un presidente del Gobierno decide situar su relación matrimonial en el centro del escenario político. Besos, abrazos, declaraciones de amor y una militancia entregada al espectáculo. Por momentos, aquello parecía más una edición especial de Sálvame que un acto de un partido que aspira a gobernar España.

Y ahí está precisamente el error.

Cuando un dirigente necesita recurrir a su intimidad para conectar con los electores, transmite una preocupante sensación de agotamiento político. Como si las ideas, los proyectos y los resultados ya no fueran suficientes. Como si hubiera que sustituir el debate sobre el país por una historia sentimental cuidadosamente presentada ante las cámaras.

Sánchez tiene todo el derecho del mundo a defender a su esposa, proclamar su amor y considerar injusto el trato que recibe. Pero una cosa es proteger a la familia y otra, muy distinta, convertirla en material de propaganda electoral. La vida privada merece respeto, también cuando quien la expone públicamente es el presidente del Gobierno.

Además, hay algo profundamente equivocado en intentar responder con emociones a cuestiones que pertenecen a otros ámbitos. Los asuntos judiciales se dirimen en los tribunales, con pruebas y garantías. No con besos, aplausos ni declaraciones románticas. El amor no demuestra inocencias ni sustituye las explicaciones políticas.

Lo más sorprendente es que alguien con la experiencia de Sánchez pueda considerar rentable esta estrategia. Quizá sirva para entusiasmar a los convencidos, provocar titulares o fabricar vídeos virales. Pero confundir la reacción de una militancia entregada con la opinión de todo un país es uno de los errores más antiguos de la política.

España no está eligiendo al marido más enamorado. Está eligiendo a quien debe gobernarla. Los ciudadanos tienen problemas bastante más concretos que la felicidad matrimonial de su presidente.

La política española lleva demasiado tiempo instalada en el espectáculo, pero trasladar la fórmula de Sálvame a la intimidad del presidente supone cruzar una frontera innecesaria. El afecto personal se convierte en producto electoral y los ciudadanos, en espectadores de una historia que no han pedido ver.

Puede que Sánchez consiga algunos aplausos más. Incluso algún voto emocional. Pero también corre el riesgo de que muchos españoles interpreten semejante exhibición como lo que políticamente parece: un recurso desesperado.

Porque cuando un presidente convierte el amor por su mujer en uno de los grandes mensajes de campaña, la pregunta no es cuánto la quiere. La pregunta es qué le queda por ofrecer al país.




Link:
https://gironanoticies.com/noticia/306705_-anchezelamoryel-indrome-alvame-1.htm