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04-05-2026 | 21:50hs
•OPINIó

Los folios de Ábalos

La explicación del exministro pretendía apagar la sospecha, pero acabó encendiendo una pregunta mucho más incómoda: ¿por qué un ministro con siete secretarias necesitaba a Koldo para conseguir papel?

Hay frases que nacen para defender a un hombre y terminan empujándolo un metro más hacia el precipicio. Ábalos quiso explicar lo de los folios. Quiso decir que los folios eran folios, que él era un hombre de papel, que imprimía mucho, que trabajaba con documentos, que necesitaba cajas, paquetes, hojas, carpetas y papeles. Quiso desactivar la sospecha. Pero eligió hacerlo con una frase memorable: tenía siete secretarias.

Siete secretarias. No una. No dos. Siete. Y aun así, según su versión, había que movilizar a Koldo para resolver el gran drama administrativo del Reino de España: la reposición de folios. Un ministro con gabinete, coche oficial, escoltas, conductor, asesores, secretarias, ujieres, ordenanzas y toda la maquinaria del Estado a su servicio necesitaba pedir papel por un circuito paralelo. Es decir, el Ministerio de Transportes podía mover trenes, carreteras, aeropuertos y puertos, pero al parecer no podía garantizar un paquete de DIN A4 en el despacho del ministro.

La explicación no mejora cuando se piensa durante un segundo. Si un ministro trabaja mucho con papel, una secretaria competente no espera a que el ministro lo pida. Lo sabe. Lo prevé. Lo repone. Los folios están en la mesa, en la antesala, en el armario, en la residencia o incluso en el coche, si hace falta. El papel no aparece por milagro, pero tampoco exige una operación logística reservada. En cualquier oficina normal, la persona que imprime mucho tiene folios. En un ministerio, más todavía.

Así que la pregunta no es si Ábalos decía “folios” para hablar de folios. La pregunta es por qué un ministro con siete secretarias necesitaba a Koldo para los folios. Porque si la palabra era literal, la escena resulta absurda. Y si no lo era, la escena apunta a otra cosa. En ambos casos, el problema no desaparece. Solo cambia de forma.

También cabe una hipótesis piadosa. Quizá las siete secretarias de Ábalos eran tan eficaces como Jessica en su puesto de trabajo. Quizá existían, pero no estaban. Quizá estaban, pero no hacían. Quizá hacían, pero no los folios. Quizá el Ministerio era una extraña selva burocrática en la que cada secretaria miraba a otra secretaria, cada carpeta esperaba a otro departamento y cada paquete de papel necesitaba la mediación de Koldo para cruzar el pasillo.

La ironía es que Ábalos quiso separar dos mundos: el mundo serio del ministro trabajador, rodeado de documentos, y el mundo turbio de Koldo, Aldama y las palabras que podían significar otra cosa. Pero, al decir que tenía siete secretarias, juntó los dos mundos en una sola imagen. Si tenía siete secretarias, Koldo no era necesario para los folios. Y si Koldo era necesario, entonces esas secretarias no explican nada. Al contrario: hacen la historia más difícil de creer.

Por eso, los folios de Ábalos ya no son folios. Son una metáfora perfecta de una época. Una política llena de cargos, asesores, chóferes, secretarias, estructuras, sueldos, despachos y protocolos que, cuando llega la hora de explicar lo básico, siempre necesita a un intermediario en la sombra.

Siete secretarias para no tener folios. Un ministerio entero para no saber quién traía el papel. Y un país escuchando la coartada más peligrosa de todas: la que pretende parecer sencilla y acaba revelando el sistema.




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https://gironanoticies.com/noticia/294903_lo-folio-deabalo--1.htm