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27-08-2025 | 10:01hs
•OPINIó

La sociedad del pan en la boca. Retrato de la España del s. XXI

Una izquierda desencantada que critica en voz baja, pero calla cuando toca actuar

Cada vez es más fácil encontrar a alguien de izquierdas que, en voz baja, confiesa su desencanto con el Gobierno. En un bar, en una charla casual, entre susurros, sueltan que “esto no va bien”, que “hay que hacer algo”. Sus palabras destilan frustración, un hastío palpable en los gestos, en los ojos que miran de reojo como si temieran ser escuchados. Pero cuando les dices: “vale, yo me mojo, dejo la tranquilidad, escribo, hablo, hago un programa de política”, la cosa cambia. De repente, eres un “facha”, un “vendido” o, en el mejor de los casos, un “equivocado”. Porque, para muchos, el cambio no es más que un deseo etéreo: una queja cómoda que no implica levantarse del sofá.

Es curioso, casi tragicómico, cómo esta izquierda descontenta dice querer transformación, pero solo si viene de los suyos. No toleran que se hable claro, que se señale lo evidente: que el país se hunde bajo el peso de promesas vacías y políticas que se desmoronan como castillos de naipes. Prefieren aferrarse a una migaja de pan, aunque esté rancia, antes que admitir que han sido engañados. Es la sociedad del pan en la boca: esa que, por no soltar el mendrugo, es capaz de renunciar a un bocadillo de jamón ibérico. Porque aceptar la verdad implica esfuerzo, cuestionarse, moverse. Y eso, para muchos, es un precio demasiado alto.

Seguramente haya un término psiquiátrico para esto. ¿Negación? ¿Disonancia cognitiva? ¿O simplemente cobardía intelectual? Es el síndrome de quien pide el cambio, pero no está dispuesto a dar un paso al frente. Critican desde la barrera, pero si se les invita a entrar en el ruedo, se esconden. Quieren que todo cambie, pero sin cambiar ellos. Que los suyos sigan al mando, aunque el barco se hunda. Es más fácil culpar al mensajero, tacharlo de “facha”, que mirarse al espejo y reconocer que han comprado un relato que ya no se sostiene.

Y así seguimos, en esta sociedad del pan en la boca: donde la queja es un murmullo y la acción, un tabú; donde el cambio es una bandera que se agita, pero nunca se planta. Porque, al final, para muchos, resulta más cómodo masticar migajas que arriesgarse a probar algo mejor. Y mientras tanto, el país sigue su curso, tambaleándose, con demasiados dispuestos a dejarlo caer con tal de no soltar su pequeño trozo de pan.




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https://gironanoticies.com/noticia/277458_la-ociedaddelpanenlabocaretratodelae-panadel-xxi-1.htm