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La evolución de los Golpes de Estado: De la violencia a la manipulación mediática
Hubo un tiempo, hacia mediados y finales del siglo pasado, en que los golpes de Estado eran una moneda de cambio frecuente. En aquel momento, las fuerzas sociales más poderosas, los ejércitos, se levantaban contra cualquier atisbo de cambio que osara molestar sus pensamientos.
Conceptualmente, los golpes de Estado han sido asociados a los ejércitos o fuerzas militares. No por su idiosincrasia, sino porque eran los poderosos que dominaban la situación real en un país. Las armas eran su fuerza y originaban adhesiones inmediatas de colectivos desafectos con el gobierno de turno.
Con el devenir de los años y la consolidación de las democracias a nivel mundial, se ha producido un cambio en las esferas de poder. Lo que representaban los militares ha sido sustituido por políticos que han consolidado su poder sin visos de cambio. Este escenario no solo modifica la estructura de fuerzas en un Estado, sino que también abre la puerta a nuevas formas de golpe de Estado.
Y en España, tan pionera en tantas cosas, estamos asistiendo a ese cambio en la dinámica golpista mundial. Ahora, los cambios de estatus no los llevan a cabo los militares, sino aquellos que se han aferrado al poder y tienen en sus manos los resortes necesarios para apoyar sus movimientos. Instituciones del Estado dominadas por su entorno y medios de comunicación serviles al nuevo poder.
Un golpe de Estado es violento por naturaleza. Antes, con la eliminación física de aquellos enemigos de lo que algunos consideran lejano a sus ideas. Ahora, con la eliminación mediática de todo aquel que no comulgue con ellos. Pero, sea uno u otro, ambos son intentos de someter la democracia de todos a la voluntad de una élite. Por lo que hay que estar atentos a esta nueva dinámica.
Lo que antes eran asaltos a Congresos o Palacios, ahora son asaltos al Poder Judicial o a los Medios. Las formas cambian, pero los fondos son los mismos: convertir la democracia en un lugar de élites donde aquellos que pensamos diferente somos proscritos hasta el final. Sánchez está llevando a cabo un golpe de Estado silencioso y nadie debe permanecer indiferente. Los golpes de Estado ya no son violentos y tumultuosos; viven del silencio. Aunque, no olviden, son tan graves como los tradicionales y deben ser perseguidos hasta el final.